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La risa y la alegría son una conquista revolucionaria

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Carmelo Jorge Delgado, sindicalista


En Comisiones Obreras, el fuego amigo dispara contra el prestigio del sindicalismo. Con chaleco anticábalas, Carmelo presenta batalla -pacífica, cívica y democrática- por la secretaría general de Canarias.

-¡Cuerpo a tierra!

“[Risa entrecortada] ¡Que vienen los nuestros!”.

-Carmelo, ¿estoy ante el cabecilla de los rebeldes?

“Bueno, más que la cabeza visible, la primera cara para partir [ríe]. Los compañeros han decidido que me ponga en esa posición y, mientras ellos estimen conveniente que esté ahí, ahí estaré. Pero hay muchas cabezas, no tenemos un líder carismático ni alguien que piense por todos los demás”.

-¿Se diría que el sindicalismo está descabezado?

“En absoluto. Entiendo que está atravesando por una crisis que no es exclusivamente económica. Hay antecedentes. Mi opinión es que el cambio más sustancial que se ha producido entre los trabajadores es que hemos pasado de vender básicamente fuerza de trabajo a conocimiento fundamentalmente. Eso implica un cambio cultural profundo, radical, al que hay que responder con cambios organizativos, en las fórmulas de participación y de dirigir el sindicato. Ese debate es el que tenemos pendiente. No podemos permitirnos el lujo de dejar de influir”.

-¿Ahí está el origen del conflicto interno en Comisiones?

“Efectivamente, existe el riesgo de un abandono masivo de afiliados en un sector tan determinante como es el de la hostelería. Eso significa, además, perder la capacidad de primer sindicato de Canarias por parte de Comisiones Obreras. En esta situación, es legítimo rebelarse y me siento orgulloso de formar parte del grupo de los que no nos ponemos de perfil”.

-¿Contra qué o quién se enfrentan en la casa de los líos?

“No me gusta hablar de enemigos, pero sí es cierto que hay dos culturas que colisionan. Yo soy del criterio de que dirigir la organización es un trabajo al que te presentas voluntario y que no se retribuye económicamente, sino con el reconocimiento de los compañeros cuando te eligen para esos puestos de dirección”.

-Como portavoz de la federación canaria de Sanidad de CC.OO., ¿qué crees que se necesita, un quirófano, un paritorio de ideas, un bisturí, paños calientes…?

“Lo primero que se necesita es prudencia, un debate sosegado, tranquilo, para que al final no haya vencedores ni vencidos de manera aplastante. Una organización de masas debe tener la suficiente habilidad como para que dentro quepan distintas maneras de pensar y de ser”.

-En ese escenario, ¿los sindicalistas trabajan sin casco?

“Las relaciones laborales tienen un porcentaje alto de coyuntura y yo no creo que la necesidad de un sindicato sea tanto la de adaptarse a las relaciones laborales como al mundo del trabajo, a lo que es hoy la clase trabajadora, que antes era obrera”.

-En el nuevo marco laboral, ¿los sindicatos están en cuatro?

“Claro, gran parte del esfuerzo de la reforma laboral está encaminado a eso, a desequilibrar la relación entre los trabajadores y los empresarios”.

-En el futuro, ¿los robots tendrán sindicatos?

[Risas] “Alguna de las grandes empresas de este país sí parece que estén dirigidas por robots. Y los gobiernos que actúan igual. Yo los llamo psicópatas sociales”.

-¿La mejor defensa es un ataque de risa?

“Sí… La risa y la alegría son una conquista revolucionaria, un motor de cambio social. Tenemos la obligación de vivir alegres, de intentar ser felices, de reírnos lo más que podamos”.

-¿En qué momentos se te han saltado las lágrimas?

“En muchos. Recuerdo un debate en una comisión ejecutiva aprobando unas actas con Cirilo [Leal] de secretario, que nos mandó a cada uno una copia distinta. ‘En la página 2… Eso en la mía no está’. Estuvimos una hora y media, entre ataques de risa, de pánico y cabreo. Al final tuvimos que dejarlo para otro día”.